Como espiaron los rusos a los americanos con un simple escudo de madera

Como espiaron los rusos a los americanos con un simple escudo de madera

Un ingenioso sistema oculto en el interior del escudo fue el método que permitió a los rusos espiar durante siete años y obtener valiosa información

Boys Scout espías

En el año 1945, lejos de sofisticados elementos espías, donde, por supuesto no se conocía ni por lo más remoto el Wifi o el Bluetooth, donde la misión del espía era más, tirar de ingenio que otra cosa, uno niños soviéticos, hicieron un regalo sorprendente y que rentó más de lo esperado.

Tras una madera espiaron más de siete años

Estos niños, regalaron al embajador estadounidense en Moscú, W. Averell Harriman una réplica tallada del “escudo” en madera, es decir del Gran Sello de los Estados Unidos.

El Congreso Continental encargó su diseño el 4 de julio de 1776, el mismo día en que se declaró la independencia, y tras seis años de debate y tres comisiones diferentes, fue aprobado formalmente el 20 de junio de 1782 gracias al diseño final unificado por Charles Thomso.

¿Cómo pudieron espiar sin cables sin baterías?

Se trataba de un ingenioso dispositivo de escucha pasiva en cuyo interior del escudo se encontraba un micrófono espía que no utilizaba baterías ni cables y permaneció oculto e indetectable en la oficina del embajador durante siete años hasta ser descubierto en 1952. Dicho elemento carecía de pilas, circuitos activos, transmisores internos de radio convencional, lo que impedía que los escáneres de seguridad de la época lo detectaran.

¿Magia o ingenio?

Como hemos dicho, el sistema no disponía de ningún elemento que diera a entender que podría tratarse del artilugio espía más sofisticado del momento.

Su funcionamiento consistía en una membrana vibratoria que, al hablar en la habitación, las ondas de sonido chocaban contra una membrana delgada unida a un pequeño pin metálico que actuaba como cavidad resonante y, recogían la información desde el exterior, para lo que los servicios secretos soviéticos tenían aparcada una furgoneta muy cerca de la embajada, desde donde enviaban un haz de ondas de radio de alta frecuencia hacia la oficina, lo que es lo mismo, una activación por microondas

Este artilugio se denominó “la cosa” ¿por qué?

Y así seguimos denominando en nuestra jerga cuando localizamos un equipo grabador o emisor.

Y es que se denomina así «La cosa» (The Thing) porque cuando los agentes del contraespionaje estadounidense lo descubrieron en 1952, no tenían la menor idea de qué era ni cómo funcionaba.

Un cilindro diminuto

El equipo de seguridad tecnológica de la embajada estadounidense abrió el Gran Sello de madera y encontró un diminuto cilindro metálico con una antena delgada. No tenía baterías, cables, tubos de vacío ni transistores. El desconcierto era aún mayor ¡no entendían nada!

 

Ausencia de tecnología conocida

Para la ingeniería de la época, un micrófono sin una fuente de energía propia era algo teóricamente imposible. Al no parecerse a ningún dispositivo de espionaje o componente electrónico existente, los técnicos se refirieron a él de forma literal como «ese objeto» o «esa cosa».

El nombre oficial en clave

Debido a ese profundo misterio, el laboratorio de investigación del FBI y la CIA adoptaron formalmente la palabra The Thing como el nombre en clave oficial del artefacto durante toda la investigación secreta. El nombre perduró incluso después de que los británicos lograran descifrar su física cuántica y de radiofrecuencia meses más tarde.

 

Pero ¿quién o quiénes descubrieron la “cosa”? ¿Los americanos?

Pues no, el descubrimiento de «La cosa» en 1952 ocurrió de forma accidental gracias a la interceptación de radiofrecuencias por parte de los servicios secretos británicos, gracias a un error de los soviéticos.

 

El error que delató a los soviéticos

La señal interceptada: En 1951, un operador de radio militar británico en Moscú estaba monitoreando las frecuencias de la fuerza aérea soviética. De repente, escuchó de forma nítida la voz del Agregado de Aire británico hablando en inglés dentro de la embajada del Reino Unido.

 

Al principio, pensaron que era un error. Sin embargo, poco después, un interceptor estadounidense detectó exactamente lo mismo: conversaciones privadas en inglés que se transmitían abiertamente por frecuencias soviéticas de radio.

La sospecha

El contraespionaje occidental se dio cuenta de que los soviéticos estaban irradiando el edificio con ondas de radio desde el exterior solo en ciertos momentos del día para captar las conversaciones.

 

El barrido exhaustivo: Sabiendo que los métodos de detección estándar daban negativo (ya que el micrófono no tenía pilas ni cables), el embajador de EE. UU., George Kennan, ordenó una inspección física radical y minuciosa de la residencia en 1952.

 

El hallazgo

Al registrar el despacho del embajador, los técnicos desmontaron la talla de madera del Gran Sello de los Estados Unidos que los niños soviéticos le habían regalado siete años antes. Al abrir el escudo, encontraron un pequeño cilindro metálico con un alambre que parecía no tener lógica electrónica ni cables de corriente.

 

Hoy no ocurriría esto

Hasta hace poco, gran parte del barrido era visual y por detección manual, con lo que encontrar, por ejemplo, una grabadora o un elemento que no enviara frecuencia llevaba su tiempo, afortunadamente en Arkos Detectives contamos con equipos localizadores de dispositivos electrónicos que se encuentran ocultos y que contienen componentes semiconductores, sin importar si están encendidos, apagados, en modo de espera o sin batería.

 

 

En la actualidad, aquel sello que los niños regalaron al embajador se exhibe en el Museo Criptológico Nacional de la NSA.

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